Cuestión de turcos

Algo que alimenta los recuerdos cuando los años pasan son aquellos que en un momento nos provocaron risas y que con el tiempo resultan inolvidables. Lo que les voy a narrar tiene que ver con un episodio que me sucedió hace muchos años cuando trabajaba en el diario La Razón y realizaba una nota en el espacio que se titulaba “Dialoguitos en las pistas”. Era la que se leía bastante por los aficionados porque fue como un documento que me permitía informar sobre cuestiones que no trascendían en las crónicas y tenían que ver con las charlas que yo tenía con jockeys, cuidadores y gente en las reuniones hípicas.
Así las cosas, muchos lectores de la página de turf en el diario, que le daba una hoja entera de las ediciones 5ª. Y 6ª tenía un eco muy positivo en la gente del turf. Explico esto para que se entienda que algunas personas me fueron conociendo ya que me daban información interna. La cuestión es que había un joven que me esperaba en la entrada de la tribuna oficial y siempre me miraba con ojos inquisidores esperando una fija. El asunto era así, me miraba fijo y yo le decía “me gusta tal caballo” o mencionaba algo que sabía podía entender, como por ejemplo “Hoy en la quinta gana el Topo”. Luego no nos veíamos más, yo subía a la sala de prensa y salía pocas veces.
En un sábado en Palermo, se acercó este chico y le dije, “en la octava gana el turco”. Recuerdo que ganó el que yo le había apuntado y pagó muy bien, más de veinte pesos a ganador. Cuando me retiraba luego de la última prueba, lo veo en la puerta de la oficial donde me estaba esperando y pensé que sería para agradecerme, pero su cara no era de alegría. Entonces le pregunté “¿lo jugaste no? y con una actitud muy triste me acompaño una cuadra contándome lo que había pasado.
“Jugué toda lo que me quedaba a la del turco, pero perdí, corrió muy mal” me dijo, lo miré a los ojos y me di cuenta que decía la verdad. Entonces me pare y en un instante le pregunte, ¿pero no te dije que le jugaras a la del turco?, y allí me miró fijo y confesó “claro por eso le jugué a la del turco Haim”.
Andrés Haim fue un entrenador en Palermo que tenía caballos regulares y los ejercitaba muy bien y casi siempre ganaba con buenos dividendos. Allí pensé que el error fue ese, pero por si acaso le puse cara de no creerle, aunque lo dejé con una palabra de consuelo “no era para vos”- Lo increíble fue que lo vi muchas veces más y nunca se me acercó. No sé si me había mentido por creer que le iba a pedir algo o fue real lo que dijo, pero me dejó dudas. Lo único raro fue que nunca más me esperó en la entrada.
Norberto Laterza – De Turf Un Poco


















