El que más amé

Muchas veces me quedo pensando en las preguntas que recibo de los aficionados, amigos y colegas que tengo y siempre sentí curiosidad de porqué nunca me hicieron una: ¿Cuál fue el caballo que más quisiste? Pues bien voy a contestar mi propia interrogación porque tengo en claro la respuesta a mis 83 años: fue Ultrasonido.
He tenido varios pura sangre en mi vida y los disfruté muchísimo, también en sociedades con amigos donde he pasado momentos inolvidables, pero solo uno despertó un amor incondicional y les voy a explicar la razón.
En un remate que se realizó en el tattersall de Pilar acudí para observar la producción del Haras El Turf que como siempre tenía grandes padrillos y yeguas madres. La presentación de los animales me dejaba sin aliento por su físico y su genealogía, todo de primer nivel. En un momento veo que el trainer Luis Riviello que estaba en la fila de abajo mío le dice a una persona ubicada a su costado que iría a revisar lo caballos para elegir alguno con la idea de adquirirlo. El hombre en cuestión era Alberto Hansen, del stud Don Henry que había llegado de casualidad al turf de la mano de un pago a un trabajo de su empresa en el que le dieron un caballo de carrera. Todo esto lo supe después cuando entablé una amistad con él. La cuestión es que ese caballo resultó muy bueno ganó varias carreras y alentó a Alberto a comprar otro.
En la subasta, Toni Bullrich se desvivía por ver alguna mano levantada y finalmente veo que Hansen levanta la mano, ante la ausencia de su entrenador, Rábielo que había ido a revisar otros ejemplares. Toni rápidamente le bajó el martillo y le adjudico la compra. Cuando volvió Riviello le dijo ¿qué compraste? Y Hansen le respondió “me pareció barato y es lindo”- No quiero abusar de mi memoria, pero fueron 400 pesos los que pagó. La cuestión es que le seguí los pasos y cuando lo vi anotado en una carrera en San Isidro le pregunté a Hugo Gatti, el veterinario que lo atendía y que es amigo, como andaba y me dijo textualmente “mira, es chico, pero tiene motor, es muy ágil y va a correr bien. La cuestión es que en las gateras le hizo la vida imposible a su jockey, Ricardo Ioselli y se negaba ingresar en los partidores. Al final entró quinto, pero me di cuenta que tenía mucha garra. Un tiempo después volvió a correr con la monta de Vilmar Sanguinetti y ganó de punta a punta revalidando la opinión del veterinario. Me llamó la atención su agilidad y sobre todo su enorme corazón para salir al frente y aguantar cualquier presión.
En síntesis, fue el mejor caballo de su generación ganando la Polla de Potrillos, el Jockey Club y el República Argentina- Le daba lo mismo la arena como el césped, salía de punta y llegaba adelante con la misma fuerza. Pero lo que me terminó de enamorar fue lo que me pasó cuando fui a grabarlo para un programa que tenía en VCC, Video Cable Comunicación, con la intención de dedicarle toda la emisión a su condición de crack. En esa instancia llegué al stud de Riviello con todo el equipo, y le pregunté dónde podía ponerme para hacer la nota y me dijo “acércate al box porque le voy a abrir la puerta de arriba para que se acerque. Así lo hice y el caballo se acercó y sacó la cabeza apoyándose en mi hombro. Lo rodeé con mi brazo derecho y lo acaricié en la frente.
Ultrasonido no se separó ni un instante y se quedó quieto durante la media hora que hablé con el micrófono en la mano izquierda. No lo podía creer, desafortunadamente no pude recuperar la grabación cuando me fui de VCC, pero resultó lo mejor que hice como periodista.
Me quedó grabado para siempre su docilidad y el amor que le tenía por su corazón y valentía cada vez que salía a correr. tan inolvidable fue su disposición para competir que logré sentir un cariño sin igual. El mejor caballo que vi fue Mat Voy, pero sin duda el que más amé fue Ultrasonido.
Norberto Laterza – De Turf Un Poco
Foto: HSI



















