De hipódromo, mujeres y maquinitas

Es recurrente que cada vez que voy al hipódromo de Palermo se acerque algún aficionado a preguntarme que opino de las maquinitas traga-monedas. En primera instancia quiero decir que estoy a favor de la incorporación en su momento, porque es el lugar lógico para que estén, habida cuenta que es un predio donde se sabe que existe entre otras cosas, para el juego. En otro orden creo que le ha permitido al circo metropolitano seguir funcionando por el aporte que ha significado como recurso para mantener el turf vivo. Pero más allá de eso quiero hacer hincapié en otra situación donde la mujer tiene un protagonismo tan justo como necesario. La proporción de asistencia a las maquinitas de la mujer es de 7 a 1 con respecto al hombre. ¿Y porque pasa esto?…hay varias razones. La primera es la posibilidad de compartir con el hombre el gusto de ir a un hipódromo, la segunda es desarrollar su propia afición y la tercera, para mí la más importante, crear grupos de amistad con amigas para una salida que de otra manera no tiene el encanto de la emoción, la adrenalina y la aventura que genera el juego.
Me apresuro a confesar que a mí también me gustan las maquinitas, pero encuentro un placer muy grande cuando camino por ellas viendo a muchos grupos de mujeres disfrutando tanto del juego como de sus amigas, donde se pasan información sobre qué máquinas están más generosas y cuales están en modo recaudación.
Si existe un sentido más solidario en apuestas que el de aconsejar y pasar el dato entre personas, yo no lo conozco, se hace con la mejor intención aunque no sirva, lo que vale es el deseo que a sus amigas le vaya bien. Pero es parte del folklore y ayuda a crear lazos que unen gustos, a punto tal que muchas veces observo una línea de mujeres ocupando las mismas máquinas y charlando animadamente sobre otros temas.
El calificativo de sexo débil es ya una afirmación que no la cree ningún hombre y entonces con buen criterio Palermo le abrió a las féminas una puerta que estuvo vedada largo tiempo, la de compartir el placer del juego. Por eso me siento feliz cuando veo a mujeres de todas las edades llegar juntas al hipódromo, sabiendo que van a algo que es innato en el ser humano, la diversión y el entretenimiento.
En definitiva es otra conquista que las mujeres han logrado y el Hipódromo Argentino hizo realidad. Ya no es más un centro de perdición como lo calificaron en años pasados, solo es un lugar de entretenimiento abierto a quien quiera ir.
Y por eso pienso que es positivo para el turf.
Norberto Laterza
De Turf Un Poco



















